Diego Felipe Guzmán dirigió y escribió La otra forma (2022), una película de animación que plantea un mundo sometido a la línea recta, la repetición y el deseo de encajar. Su recorrido incluyó una selección en el Festival de Annecy y una candidatura finalista en los Premios Quirino.

Esta edición recupera y organiza los asuntos centrales de la conversación mantenida durante el encuentro de la animación iberoamericana en Tenerife. Las respuestas se presentan en forma de síntesis editorial, sin reproducir literalmente el intercambio original.
Una premisa visual antes que narrativa
El proyecto nació de una imagen sencilla: una sociedad donde los cuerpos deben adoptar formas cuadradas para pertenecer. A partir de esa regla, Guzmán desarrolló una ficción sobre la presión colectiva, la uniformidad y el esfuerzo necesario para conservar una identidad propia.
La construcción del relato avanzó desde el diseño hacia el guion. El entorno no funciona como decoración, sino como una fuerza que condiciona el movimiento de los personajes. Calles, edificios y objetos obedecen a una lógica rígida; cualquier curva introduce una ruptura visible.
Del dibujo al largometraje
Transformar esa premisa en una película requirió sostenerla durante años de desarrollo. La etapa de escritura sirvió para fijar las reglas del universo, mientras que las pruebas visuales permitieron comprobar qué ideas podían entenderse sin explicaciones excesivas.
En la conversación, Guzmán describió la dirección como un ejercicio de coherencia entre departamentos. Fondos, personajes, color, sonido y montaje debían transmitir la misma sensación de orden impuesto. El reto no era añadir detalles, sino decidir cuáles reforzaban la lectura y cuáles desviaban la atención.
Ficha de contexto
- Obra
- La otra forma
- Año
- 2022
- Formato
- Largometraje de animación
- Trabajo
- Dirección y guion
- Recorrido
- Selección en Annecy y presencia finalista en los Premios Quirino
Producción, límites y decisiones
El tiempo prolongado de producción obligó a revisar el material con frecuencia. Algunas soluciones iniciales dejaron de servir al conjunto y otras ganaron importancia al llegar al montaje. Para el director, esa revisión no suponía abandonar la idea original, sino encontrar su expresión más clara.
También resultó decisivo separar la complejidad técnica de la experiencia del espectador. Aunque el proceso implicó numerosos ajustes, la película debía percibirse como un mundo continuo. Esa búsqueda explica la atención al ritmo, las siluetas y el contraste entre espacios rígidos y gestos orgánicos.
El lugar del público
La propuesta permite distintas lecturas sin cerrar su sentido. Puede observarse como una fábula sobre el conformismo, como una historia de resistencia individual o como un experimento plástico sobre la oposición entre curvas y ángulos. La intención, según la síntesis de la conversación, era ofrecer una estructura reconocible y dejar margen para que cada espectador estableciera sus propias asociaciones.
Su paso por festivales aportó encuentros con públicos y profesionales de contextos diversos. Más que validar una única interpretación, esas presentaciones mostraron que una idea visual precisa podía atravesar fronteras culturales.
Mirar el proceso completo
La otra forma ejemplifica un método en el que concepto, técnica y relato se desarrollan juntos. La película no emplea la animación para ilustrar un guion que podría filmarse de cualquier manera: su conflicto depende de la capacidad del medio para transformar cuerpos, proporciones y espacios.
Consulta la ficha de Diego Felipe Guzmán, la página de los Premios Quirino o la lista de entrevistas para continuar por el archivo.

